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Españoles por el mundo

Posted by Eli (Beauty Blog) on 21.5.10 in , ,
Hay que mantener la tradición, de montarla y dar la nota cada vez que salimos al extranjero, que se note que somos españoles. Como muestra un botón, en el parisino cementerio de Père Lachaise (lugar súper recomendado par moi):
¡A ti sí que te "bibraba" yo, pedazo de inculta/o!


Aunque si esperábamos alguna muestra de cultura de parte de una persona capaz de profanar la tumba* de Maria Callas, ya podemos esperar sentados...


La educación en este país es gratuita y obligatoria, por lo que mi tolerancia hacia este tipo de gente es mínima, y menos aún cuando muestran semejante grado de (falta de) educación y respeto.


*Independientemente de que la Callas no esté ahí enterrada (fue incinerada) y de que esa no sea más que una placa honorífica.
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 ACTUALIZACIÓN:
Qué paradojas de la vida que justo cuando fui a compartir este post en mi Facebook me salió el siguiente captcha:



Tenía que ser precisamente el nombre del marido de la inculta (suponiendo que fue una mujer)... Eso va a ser la Callas, que me ha guiñado un ojo desde el más allá.
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Qué pasa, ¿qué vosotros nunca os lo habéis flipado de vez en cuando o qué?


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Cronicas Romanas III

Posted by Eli (Beauty Blog) on 12.2.10 in ,
(Lo sé, lo sé, he tardado casi un mes desde la última entrega. Es lo que tiene ser más vaga que la chaqueta de un guardia, pero me acaban de sacar una muela y el dolor suele sacar mi lado más amable y responsable, así que disfrútenlo mientras dure el efecto del Espidifén)


Al día siguiente nos levantamos tempranito, ya que teníamos entendido que las colas para entrar al poblao del Papa eran de órdago. Cogimos el metro y nos bajamos en la parada Ottaviano-Musei Vaticani, que tampoco es que esté precisamente enfrente, sino a unos diez minutos a pie. No teníamos ni idea de por dónde había que tirar, así que tomamos la decisión más fácil e inteligente en estos casos: seguir a la peña. Nos colocamos detrás de un grupo de monjitas y las seguimos (¿a dónde más iban a ir si parecían quinceañeras a punto de entrar a un concierto de Jonas Brothers, emocionadas, riendo histéricas y con la carpetita con pegatinas del Papa pegada al pecho?) Vale, he exagerado un poco con lo de la carpeta, pero se me entiende, ¿no?


La plaza de San Pedro es bastante bonita, pero me sorprendió que es bastante más pequeña de lo que parece en la TV

Al final la cola no era para tanto, no había tanta gente y avanzaba bastante rápido. En la entrada había un control como el de los aeropuertos, donde tenías que dejar tu equipaje en la cinta de rayos X. Con respecto a una duda que me planteó una amiga sobre el supuesto sex-appeal de los guardias del Vaticano: a no ser que te pongan los hombres barrigudos y de mediana edad, no. Por cierto, a modo de off topic, por toda Roma vendían unos calendarios de curas guapos que estuve a punto de llevarme (el de la portada estaba para comérselo) hasta que pensé que con qué cara le enseñaría eso a mis viejos o a las visitas...Por no hablar de que, estén buenos o no, no dejan de ser curas. Puajj, qué yuyu.

Después de dar unas vueltas por ahí y ver las tumbas de los papas, decidimos subirnos de una vez a la cúpula. La subida se realiza en dos tramos, uno por ascensor o subiendo a pie y el último de 320 escalones que hay que subir a pata sí o sí. Con ascensor son 7 euros y sin ascensor son 5. Vale la pena pagar dos euros más y ahorrarte 600 escalones, porque la segunda parte también tiene tela...Al principio vas subiendo, animada, viendo como te van marcando los escalones que te quedan. Luego llega un punto en que te metes en la parte más curvada de la cúpula y la pared obviamente también se curva, así que tienes que ir medio torcío, como esquivando balas a lo Matrix, you know what I mean?
Ahí fue cuando empecé a pasarlo mal. Sumad mi miedo a las alturas, más un leve ataquecillo de claustrofobia y angustia que me entró de estar subiendo esas escaleras más mi pésima forma física (a mitad de camino estaba echando el bofe por la boca, al borde del desmayo) Por si fuera poco según te vas acercando cada vez más al vértice de la cúpula, los escalones se van haciendo cada vez más estrechos, hasta que llega un punto en que tienes que subir casi de puntillas y en que por no caber no cabe ni una barandilla y hay una cuerda (!!!) para agarrarse. Justo ahí (cuando consideré rendirme) está por fin la salida:


Las vistas, como podéis ver, preciosas. Pero no lo pasé muy bien. Como dije antes, me dan miedo las alturas, y para terminar de joder la experiencia, el suelo de la parte exterior de la cúpula está como levemente inclinado hacia abajo, me daba como la impresión de que me iba cayendo hacia abajo (lo sé, paranoias mías) así que me pasé la mitad del tiempo agarrada a las paredes como una loca. Sólo me acercaba a la barandilla lo justo para sacar una foto y volver corriendo a agarrarme a la pared. Cuando ya tuvimos suficiente bajamos para abajo (porque está claro que no íbamos a bajar para arriba, digo yo, ¿no?) Qué distinto es subir 300 escalones a bajar otros 900, ¿eh? Ni punto de comparación.

Una vez abajo, entramos en la basílica y estuvimos curioseando un poco por ahí:


Salimos de ahí, y nos dirigimos hacia los Museos Vaticanos (el único que visitaríamos en todo el viaje) con la intención de ver la Capilla Sixtina. Del Vaticano a los museos hay unos 7 minutos a pie. Ahí pagamos los 15€ de la entrada y allá que fuimos. La estructura de la visita está muy bien planeada, para evitar que la gente se apiñe en la Capilla Sixtina y pase olímpicamente del resto (un poco nuestra intención, vamos a ser sinceras) Pero vimos obras de arte muy interesantes.


Lo malo es que yo los museos sólo soy capaz de disfrutarlos los 10 primeros minutos. Después de ese tiempo comienzo a aburrirme de ver tanto cuadro. Después del aburrimiento paso al agobio. Y después del agobio, si aún no he salido de ahí, paso directamente al enfado y me entran ganas de ponerme rajar todos los lienzos que encuentre por el camino. Digamos que para mí ir a un museo y tener que verlo todo es como entrar a una perfumería y oler todos los perfumes. Al final sales mareada, aturdida y asqueada. Pero vamos, que antes de ver la capilla dimos más vueltas que un tonto, hasta tal punto que llegué a la fase de agobio.


Cuando por fin pudimos entrar, estaba eso petao de gente, no había casi donde moverse. Todo el mundo mirando hacia el techo con cara de bobos, yo buscando la famosa escena del dedo, pensando que sería enorme, hasta que la encontré, super chiquitilla y descoloría ahí en medio del techo, y me llevé una gran decepción...Foto no hice, ni se podía ni me apeteció, francamente.

Después de eso salimos de ahí echando leches y nos fuimos a la parada de metro más cercana, que estaba donde Cristo se dejó el iPod (para variar) De ahí nos fuimos a  la plaza de España:

Había mucho ambiente y muchas tiendas de ropa de marca. La zona parecía peatonal, pero algunos coches, como los taxis, tenían permitido el paso. En Roma primero están los coches, luego las personas. Después de ahí volvimos a la fontana de Trevi para hacerle las preceptivas fotos de día, y aprovechamos para comer ahí, llevábamos un montón de horas dando vueltas y estábamos muertas de hambre.


Desde ahí nos fuimos a pie hasta el Panteón de Agripa e hicimos unas cuantas fotos:
 

Y de ahí pasamos a piazza Navona y nos alegramos mucho, porque era un sitio que no nos llamaba mucho la atención y al final fue de los que más nos gustó:

  
 
Todavía quedaban un montón de puestos de Navidad que vendían chocolates y montones de cosas ricas y bonitas. Lástima que unos instantes antes nos interceptaron unos voluntarios de no sé qué asociación contra las drogas y nos sablaron el poco cambio que nos quedaba. Son más pesaos que una vaca en brazos... Pronto nos acordaríamos de ellos y de su puta madre.

Ya era de noche y estábamos reventadas, pero no nos queríamos ir al hotel todavía. Había también un gran problema: nos estábamos meando y nos habíamos quedado sin un duro, con lo que no podíamos entrar a ningún bar. Así que decidimos irnos hasta Termini, porque ¿en qué estación no va a haber baños públicos?
Cogimos un bus hasta la estación, llegamos, dimos mil y una vueltas para encontrar el baño, con las vejigas a punto de reventar. Por fin lo encontramos, fuimos a entrar y...¡sorpresa! Había que pagar 0,80€ por persona para entrar a mear. Tenían unas barreras como las del metro, metías las moneditas y se abrían. Una pareja sólo tenía un euro, así que entraron juntos y a la señora de la limpieza le faltó echarles a escobazos. La mujer le rogó que la dejara pasar, que se estaban meando y que sólo tenían un euro entre los dos, pero a la señora le dio exactamente igual y les respondió muy tranquilamente que se fueran a mear a un bar entonces.

En ese momento nos acordamos de la  puta madre de los voluntarios antidroga, si no hubiera sido por ellos habríamos tenido cambio para poder entrar a hacer un pis, ¡nos lo estábamos haciendo casi encima! Nos dio tanta rabia que al final dijimos que a tomar por culo todo, y regresamos al hotel mientras nos aguantábamos las ganas. 

Pizza, ducha, un poco de TV y a dormirla, que al día siguiente tocaban las catacumbas.

Continuará...

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Crónicas Romanas II

Posted by Eli (Beauty Blog) on 14.1.10 in ,
(Primera parte aquí)

Al día siguiente nos levantamos a las 7:30 de la mañana y subimos a desayunar para estar en la calle a más tardar a las 9 de la mañana. Lloviznaba un poco, pero no hacía frío ninguno, de hecho yo iba con un plumas y de camino al metro terminé acalorada. Nuestra primera parada era el Coliseo. Queríamos haber ido al Vaticano, pero al ser día de Reyes, las principales atracciones estarían cerradas, así que lo dejamos para el día siguiente.

Accedimos al metro con el Roma Pass que nos habíamos comprado el día anterior en el aeropuerto. Se trata de un pase que te incluye un abono de transportes para tres días, más entrada gratuita en los dos primeros museos o monumentos nacionales que visites y descuento en los demás, por un precio de 23 euros. Con ver el Coliseo y cualquier otra atracción ya la amortizas, así que vale totalmente la pena, además también te incluye una pequeña guía y un mapa que nos fue muy útil durante todo el viaje.


El Coliseo está justo enfrente de la parada de metro homónima, así que no tiene pérdida, es lo primero que ves al salir. Está lleno de turistas y de espontáneos que te marean todo el rato ofreciéndote tours guiados en inglés. Durante la gran mayoría de nuestra estancia hemos tenido que esquivar a este gente, especialmente en la entrada al Vaticano.
Gracias al Roma Pass pasamos al interior del Coliseo sin pagar y sin guardar cola (lo mejor de todo) y estuvimos viéndolo por dentro. En esos momento te imaginas las que armarían los romanos ahí dentro...impresiona. De ahí también vimos el Arco de Constantino (que está al lado) e intentamos acceder al Palatino que está enfrente, sólo que nos confundimos de acceso y subimos por una cuesta que mira al Coliseo y que no tiene salida, ya que desemboca en la puerta de una iglesia. Allí fue donde vimos a una mujer carabiniera despampanante con una melena de amazona. Llegó de paisano conduciendo el coche policial y cuando se bajó alucinamos con los taconazos que gastaba la tía. Poderío italiano al 100%.Y aún así le sobró brío para salir corriendo y perseguir a unos tipos que vendían ilustraciones en un puesto ilegal. Subió corriendo por la cuesta de la foto:


Hacía unos minutos que el tiempo había escampado y había comenzado a brillar el sol. Yo que iba con un jersey finito y el plumas comencé a agobiarme y me lo tuve que quitar y llevar colgado del brazo. Estimo que en ese momento habrían unos 15º, algunas personas iban incluso en manga corta (yo la habría llevado gustosamente en ese momento) Un clima delicioso para ser principios de Enero. Luego refrescó un poquito, pero en ningún momento hizo frío, una maravilla.
Para entrar al Palatino hay que caminar y coger el camino a la derecha todo recto hasta que das con la entrada. El acceso al Palatino y el Foro Romano viene incluido con el del Coliseo, así que hay que guardar la entrada en el caso de que la hayas sacado. Nosotras pasamos con nuestro Roma Pass. El sitio está muy bonito, situado sobre una de las colinas de Roma, hay mucha vegetación y ruinas con mucha historia.
Un poco más abajo está el foro romano, muy interesante también. Sin embargo cuando ya llevábamos un par de horas ahí dentro empecé a agobiarme y me quise ir, pero nos costó Dios y ayuda encontrar la bendita uscita (salida), comencé a emparanoiarme con la idea de perderme ahí dentro. Al final conseguimos salir por la via dei Fori Imperiali, y desde ahí dimos un pequeño paseo (unos cinco minutos) hasta la piazza Venezia, donde se encuentra el monumento a Vittorio Emanuele, o Vittoriano:

El sitio es muy bonito y la entrada es libre. Eso sí, no te puedes sentar en ninguno de los escalones, o vendrán los carabinieri a echarte.Subiendo a la parte superior hay muy buenas vistas de Roma, del Coliseo, por ejemplo.
 

También hay una cafetería y en la parte de atrás hay un ascensor panorámico que te lleva a la parte más alta del edificio y desde el cual se supone que se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad. Nosotras decidimos pasar de largo por dos razones: una, subir costaba 7 euros, y dos, teníamos pensado ir al Vaticano al día siguiente, desde donde también podríamos disfrutar de buenas vistas. Aunque no fuera exageradamente caro, nos pareció una tontería pagar ese dinero por subir en un ascensor.

Salimos del Vittoriano por un lateral y nos encontramos con esta sorpresa:
La loba capitolina, mucho más chiquitilla de lo que nos imaginábamos:

En ese momento no  lo sabíamos, pero esa era una réplica de la auténtica, que se conserva en los museos Capitolinos, justo al lado:

Estábamos en la plaza del Campidoglio. Lo fuerte fue que bajando las escaleras desde el Vittoriano, una mujer con aspecto de alemana o de algún país eslavo, nos preguntó en inglés si sabíamos dónde estaban los Museos Capitolinos y nosotras, que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje, le dijimos que no teníamos ni idea. ¡Y los teníamos delante de las narices!!!!! No sé quién tuvo más delito ahí, si nosotras o la señora, que venía de ahí mismo. Si incluso hay un enorme cartel granate donde pone Musei Capitolini...

No entramos, ya que por un lado, visitar museos no era una prioridad para nosotras, y por el otro, el viaje era muy breve y había que aprovechar el tiempo al máximo. No teníamos ganas de perder un tiempo valioso encerradas en un museo cuando ahí afuera había tantas cosas por descubrir.


Bajamos los escalones del Campidoglio y tiramos a la izquierda, bajando por la vía del Teatro di Marcello hasta llegar a las orillas del Tíber. Queríamos conocer la famosa Isola Tiberina. Fue un chasco, aparte de un hospital no vimos ahí nada de especial, exceptuando un perrito muy mono que dormía la siesta encima de un saco de dormir. Era una cosita súper adorable. Ahí me di cuenta de que se me había agotado la batería de la cámara y me di a todos los demonios. Un consejo: apagad la cámara cuando no la uséis en vez de dejarla en modo "Ahorro de energía". Porque no ahorra una mierda. Tuve que empezar a usar el móvil como cámara, afortundamente la calidad de las fotos es bastante aceptable.

Atravesamos el río y nos fuimos al Trastevere, un barrio del que habíamos oído hablar mucho, pero del que no sabíamos qué esperarnos. Nos gustó mucho, tiene ese aire decadente de ciudad vieja, con sus callejuelas estrechas y empedradas, sus restaurantes y sus tiendecitas con encanto...Me recordó al Quartier Latin de París. Ahí nos sentamos un ratito en una plazuela a comernos un bocata, mientras veíamos el trasiego de gente y el tranvía subir y bajar cada minuto. Ahí observamos una cosa muy curiosa: a nuestro lado había una parada de taxis con una especie de cabina cuyo teléfono sonaba cada dos por tres. Si en ese momento había algún taxista esperando, se bajaba del taxi, atendía el teléfono y se iba a buscar al cliente. Era algo así como una centralita en plena calle; no sé si en España también existirá eso, pero nunca antes lo había visto.

Nos comimos un gelato delicioso por una tercera parte de lo que nos hubiera costado en España (el mío era mitad vainilla, mitad yogurt, riquísimo, no sé ni cómo me lo pude terminar de lo grande que era) Mi amiga R despreció el helado y prefirió un crêpe con Nutella, para matarla, jajaja. La chica nos atendió super bien, fue muy simpática e intentó traducirnos los sabores por si no entendíamos, no sé cómo se llama la gelateria pero sólo puedo decir que está enfrente de las vías del tranvía, en la plaza Giuseppe Gioacchino Belli. En la puerta sólo pone "Gelateria", y en el local de al lado hay colgada una bandera de orgullo gay. Es un sitio pequeñito y modesto, pero me dejó muy buena impresión, así que lo recomiendo.

Después de aquello dimos una vuelta por el barrio, donde vimos muchos restaurantes y sobre todo tiendas de souvenirs, bastante más baratas que las del centro (aunque la diferencia no era tanta) Nos compramos unas camisetas de "I love Roma" en el puesto de unos indopakistaníes (o sabe Dios lo que eran) a la entrada del barrio, las tienen más baratas que en las tiendecitas y la calidad es la misma. Ahí fue cuando empezamos a alucinar con la cantidad de indios o pakistaníes que hay en Roma, ¡están por todas partes!!! Fue en uno de esos puestos donde el indio intentó hacerle probar a R una camiseta que llevaba una garrapata enganchada, jajajajaja, tendríais que haber visto el salto que pegó ella mentras decía, en español con un amago de acento italiano "¡Esa no, esa bicho!!!" Terminé doblada de la risa.

Cuando se hizo de noche (muy pronto, sobre las 5 y pico) decidimos subir a la Fontana de Trevi para verla iluminada. El problema era que en todo el Trastevere no hay ni una sola parada de metro. Las más cercanas eran las del Circo Máximo o la del Coliseo, y con lo cansadas que estábamos, no nos apetecía nada la idea de volvernos hasta ahí andando. El tranvía no nos llevaba a ningún sitio que conciéramos, así que decidimos ir a la parada del autobús y coger alguno que nos dejara en Termini o en algún otro sitio donde hubiera metro, para así ubicarnos. Al final cogimos un bus al tuntún, no sabíamos ni a dónde nos llevaba. En un momento del trayecto,a mi amiga R se le apareció la virgen y dijo que por qué no nos bajábamos en tal parada. Le hice caso y resultó que estábamos súper cerca de la Fontana, así que nos acercamos andando.

 


La fuente muy bella y espectacular, la única pega: la exagerada cantidad de turistas que había ahí apiñados tratando de hacerse la foto y lanzar las monedas, era agobiante. Hicimos alguna foto y tiramos la moneda de espaldas a la fuente, para volver a Roma alguna otra vez.

Después dimos una vuelta por la zona, vimos tiendas con piezas de cristal de Murano muy bonitas pero muy caras y souvenirs varios. Sobre las seis y pico ya no podíamos más, ¿a dónde podíamos ir? Era ya de noche, muchos monumentos estaban cerrados y estábamos agotadas. Era aún temprano pero llevábamos desde las nueve de la mañana pateando la ciudad sin parar, no podíamos más. Con todo el dolor de nuestro corazón y nuestros pies nos fuimos al hotel, muertas de cansancio, cenamos, nos duchamos, y luego a la cama temprano para recargar pilas, que al día siguiente tocaba subirnos a la cúpula del Vaticano...

Continuará...

PD: Desde aquí mando un cariñoso saludo a mis colegas que entran al blog a través de Facebook y no dejan ni un comentario, ¡ratas! Os tengo vigilados, sé cuándo, cómo y de dónde entráis >:-D


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Crónicas Romanas I

Posted by Eli (Beauty Blog) on 11.1.10 in ,
Como algunos de mis coleguillas sabréis, acabo de venir de una escapadita en Roma con una amiga. La estancia ha estado genial, siempre es agradable cambiar de aires y conocer otros mundos. Encima cuando hemos llegado a España hacía un frío de la hostia, de buena gana me habría vuelto a Roma de no ser porque el último vuelo me dejó con los cojoncillos en la glotis. Aquello parecía el pulpo de la feria...Pero de eso ya hablaré más tarde.

El día D nos levantamos tempranito, los nervios no nos dejaron pegar ojo en toda la noche. De camino al aeropuerto había una niebla del copón y temí que fuéramos a llegar tarde y perder el vuelo a Madrid, pero afortunadamente llegamos con tiempo de sobra. Hasta nos permitimos el lujo de volver a facturación porque la mujer que nos facturó nos había puesto en asientos separados en el trayecto Madrid-Roma, que ya hay que ser melón...Menos mal que el chico que nos atendió nos lo cambió al instante.

Así, sobre las once de la mañana aterrizábamos en Madrid Barajas, con el tiempo justo para hacer un pis y buscar nuestra puerta de embarque (que anda que no es larga la dichosa terminal 4, aquello parece la historia interminable...) Volvimos a despegar rumbo a Roma y por el camino nos topamos con esta especie de cumulonimbos (o lo que demonios sean) tan graciosos. Los vuelos fueron con Iberia, mis expectativas con esta compañía no eran demasiado altas y así lo confirmé al montar en el avión. TCP's (azafatos, en lengua romance) viejunos y un poco rancios, probablemente de la época pre-privatización, cero entretenimiento a bordo (aunque te reparten el periódico gratis) y no te sirven ni un puto vaso de agua durante todo el viaje, lo cual me parece comprensible en una aerolínea secundaria o de bajo coste, pero vergonzoso en una nacional. Deberían aprender de Air Berlin o la Swiss, que te dan genial de comer (en especial esta última) y siempre sirven un piscolabis aunque el vuelo dure una hora. Eché un vistazo a los precios por curiosear y un bocata minúsculo con bebida te salía a 8 euros, vamos, ni que hubieran amasado el pan ellos mismos... Anda que si esa es la imagen que queremos dar de España en el extranjero...

Cuando aterrizamos en el aeropuerto Fiumicino sobre las 2 y pico estaba lloviendo y casi nos cagamos en todo. Estuvimos casi una hora esperando a que salieran nuestras maletas de la cinta, mientras una maleducada a nuestro lado iba cogiendo cada maleta negra que veía aparecer casi tirándonos al suelo, la revisaba por si era suya y luego la volvía a poner en la cinta.

Cuando ya tuvimos las maletas seguimos las indicaciones para el treno y cogimos un tren de cercanías que en unos 45 minutos nos llevó a la estación de Roma Tiburtina. También había la opción de coger el tren Leonardo Express que te lleva a la estación Termini, con la diferencia de que costaba tres veces más y el cambio de transporte iba a ser más lioso así que tomamos la decisión más sabia (el tren salió por cosa de unos 5€, frente a los 15€ del Leonardo Express). Luego en la estación cogimos otro bus que en menos de cinco minutos nos dejó en una parada a unos 100 metros del hotel. Desde aquí doy las gracias y mando un cariñoso saludo al inventor de Google Street View, gracias al cual pude ver desde mi casa como era el barrio donde estaba situado nuestro hotel y moverme por ahí como si ya hubiera estado antes.
Hicimos el check-in, todo genial, el personal muy amable, e incluso un botones nos subió las maletas, la primera vez en mi vida que me las suben, así que le dimos al chico un oiro de propinilla, que semos probes pero no miserables. La habitación estaba genial. Tampoco tenía unas expectativas demasiada altas, ya que saliendo de España, la calidad de los hoteles suele bajar considerablemente independientemente del número de estrellas, pero este hotel hacía honor a las 4 que ostenta:




Hasta nos dejaron dos trocitos de torrone,que es como el turrón español pero con avellanas en vez de almendras (por cierto, al final terminé confirmando el amor de los italianos por las avellanas, las incluyen en multitud de dulces y preparaciones)


También nos sorprendió que los precios del minibar fueran tan razonables (nos habían dicho que Roma era una ciudad cara, pero ahora que ya he estado no estoy nada de acuerdo):



Estábamos reventadas, además a las cinco y media ya era completamente de noche y no habría mucho que ver a esas horas, así que descansamos un poco y luego salimos por el barrio a buscar algo de comer. Dimos con un sitio de pizza a taglio a pocos metros, donde un chico simpatiquísimo nos atendió. Un buen trozo de pizza (el precio va al peso) más la bebida nos salió a cada una por escasos cuatro euros. Estaba muy buena, lo malo es que la calentaron poco y cuando llegamos al hotel ya estaba casi fría. Pero con el hambre que teníamos nos sentamos a devorar mientras veíamos a los concursantes españoles en el Grande Fratello italiano.

Después nos dimos una buena ducha para relajar los músculos y a la diez y cuarto ya estábamos en la cama, de lo agotadas que estábamos. Además al día siguiente nos tocaba madrugar para aprovechar nuestra visita al máximo, así que había que recargar las pilas lo mejor posible.


Continua aquí


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Trozos de mí

Posted by Eli (Beauty Blog) on 25.9.09 in , ,

Hace unas semanas que pinté mi habitación y con ello decidí hacer una limpieza a fondo de todo lo que sobraba en mi habitación. Es increíble la cantidad de porquería que somos capaces de acumular en tan poco tiempo...En mi caso reconozco que soy muy sentimental con los objetos, me da pena tirar según que cosas porque me recuerdan a cierta época o porque me las ha regalado cierta persona...O porque costaron mucho dinero, lo que explica mi reticencia a deshacerme de mis libros de texto ¡del instituto!, por no hablar de los de la Universidad (he llegado a encontrar apuntes de asignaturas de 1º de carrera...)

Sin embargo llegó el momento de dejarse de tonterías liberar espacio y deshacerse de cosas que probablemente jamás volveré a usar (como el diccionario de latín o "El discurso del método" de Descartes) ni me servirán para nada (como mi vieja calculadora científica). Algunas cosas irán al reciclaje, otras las intentaré vender por eBay, otras en tiendas de segunda mano y lo que no se pueda colocar o regalar de ninguna manera irá a la basura.

Entre tanta tralla y trastos inútiles, encontré una cajita que tengo desde hace unos diez años, y que durante este tiempo he ido llenando de cosas que pertenecían a diferentes épocas de mi vida, y que contenía un poco de todo esto:


  • Decenas de cartas recibidas en mi adolescencia (pero ninguna de amor, sniff...)

  • Unas fotos de carnet de mi época de “Betty la Fea”

  • La entrada de cuando fui a ver “Vicky Cristina Barcelona” en New Haven (USA) 10'50 dólares. No fue para tanto.

  • Sellos

  • Una latita de Nivea con monedas extranjeras y pesetas.
  • Otra entrada de cine de hace unos años. Tantos que ya ni se ven las letras. En serio, guardo mucha mierda.

  • Tarjetas de salida de una disco a la que iba antes y que ya no existe. 3 euros.

  • Mi cédula de inscripción consular caboverdiana, de cuando el Estado español aún no reconocía mi ciudadanía española, a pesar de haber nacido y vivido en este país toda mi vida. Tuve que esperar a los 14 años para tener por fin el DNI, mientras que hoy en día le dan automáticamente la nacionalidad a cualquier mindundi...

  • Dos calendarios de bolsillo de 1992 y 1998 respectivamente.

  • El resguardo de la beca que presenté en el 2004

  • Una tarjeta con chip para llamar por cabina de antes del euro. 1000 pesetas.

  • La tarjeta descuento de uno de los supermercados donde trabajé.

  • Una calcomanía de Vaca y Pollo (?)

  • Un minimapa del metro de París con la foto de un jugador de rugby sin camiseta. Este lo guardo...

  • Tickets del metro de París, Valencia, Madrid y Lisboa que no sé por qué conservo pero que ahí estaban.

  • Un pendiente huérfano y sin tuerca. Pa' la basura.

  • Entradas de la Expo de Lisboa del 98, la Tour Magne de Nîmes, la Iglesia de St Michaelis en Hamburgo, el Empire State, el Museum of Science de Boston y el Museo Van Gogh en Amsterdam. La del Museo de Ana Frank se me perdió, snifffffff.

  • Mi carnet del autobús escolar

  • Mi carnet del primero año de Universidad

  • Mi carte Navigo de París

  • Un conjunto de boli y pluma que me regalaron con 14 años por participar en un concurso de redacción de Coca Cola (no gané, pero me bebí una Coca Cola por la gorra)

  • El resguardo del carnet de conducir, en su fundita con el logo de la autoescuela.

  • Una invitación para el Aqualandia de Benidorm sin utilizar.

  • Mi primera nómina del primer trabajo que tuve a los 18, por un valor de 720€ netos. Quien los pillara hoy en día...

  • Dos menús de una boda y una comunión a las que asistí hace más de diez años y que no sé por qué guardo, teniendo en cuenta que no guardo ningún parentesco con las personas que las celebraron. Aunque tras revisarlas he llegado a la conclusión de que la tarta Comtessa (ahora Vienetta) no puede faltar en ninguna celebración que se precie.

  • Recortes de la Super Pop y la Bravo de hace unos 12 años, con fotos de actores y cantantes que me gustaban.

  • Felicitaciones de cumpleaños hechas a mano por mis compañeros de clase.

  • Fotos de carnet arrancadas de documentos caducados.

  • Postales de Estambul, Valencia, Toledo y Nueva York enviadas por amigos y conocidos.

  • Muestras de perfume tan caducadas que probablemente contengan radioactividad.

  • Postales de Mirandela y Chaves (Portugal), Mallorca, Valencia, Montpellier, Nîmes, París, Hamburgo, Boston y Nueva York, y que nunca llegué a enviar.

  • Fotos de varios cumpleaños de mi infancia.

  • Disquetes con trabajos de clase y los drivers de un ratón para el ordenador.

  • Una libreta que tengo desde los 15 años y que contenía, entre otras cosas, la receta de las crêpes (dulces y saladas), las direcciones postales de mis amigas de León, los deberes de latín del 30 de noviembre del 2000, la bibliografía de un libro de texto, un resumen sobre la duración de la batería de mi móvil en diciembre de 2002, con fechas y hora, apuntes de Lingüística de un día que se me olvidaron los folios, la foto del actor que salía antes en Rex (y que estaba muy bueno) y notas varias. Lo más desconcertante del contenido de esta libreta es una lista de dos páginas con los teléfonos móviles de unos 15 tíos, acompañada de descripciones del tipo “este está bueno”, “le gusta U2”, “cachitas”, “de Bilbao”. En serio, ¿de dónde demonios salió esto????? Juro por la cobertura de mi móvil que no lo recuerdo para nada.

Exceptuando el pendiente, no pienso tirar nada de lo que hay dentro de esta caja. Aún me quedan recuerdos y detalles que meter dentro. Es curioso que echando un repaso al interior de esta caja me vengan a la mente tantas experiencias, personas, detalles, olores y lugares que he conocido, diferentes épocas, diferentes sabores, etc.

Talvez algún día tenga que comprarme una caja más grande donde meter más recuerdos inútiles, pero eso siempre será una buena señal.

Porque aún no he ido a ver el Coliseo...

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