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Las comparaciones son odiosas...

Posted by Eli (Beauty Blog) on 30.1.10 in ,
Programa de baile en EEUU:



Versus

Programa de baile en España:


Peor que las coreografías de los Backstreet Boys que hacía yo en el colegio, con un par

Me pregunto si los mochuelos concursantes de Fama salen la pista a bailar o a lucir tipito y morrearse con los compañeros para levantar polémica (y lo que no son polémicas). Exceptuando al tío que sale al final haciendo break, he visto ancianos en silla de ruedas que se mueven con más brío.

Spain is different (pa' tó)

Ah, y Fama me parece una mierda (por si no había quedado lo suficientemente claro)

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Cachondo

Posted by Eli (Beauty Blog) on 22.1.10 in , ,


Pa cachondo él, por pensarse que le iba a agregar después de leer semejante presentación. Y la ortografía sería para dedicarle un post aparte. Sí, soy un poco pedante, qué pasa.


Sucedió en el Tuenti (dónde si no)

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Chillones y a mucha honra

Posted by Eli (Beauty Blog) on 17.1.10 in , , , ,


Se suele decir que los pueblos mediterráneos y latinos, como los españoles y los italianos, somos más ruidosos y montamos más escándalo.Y si hablamos de los africanos, entonces ya ni os cuento...Marroquíes, senegaleses, nigerianos...o caboverdianos sin ir más lejos. Imaginaos cómo estará el nivel de decibelios en mi casa, que muchas veces estoy en mi cuarto y oigo voces y gritos en el salón, como si estuviéramos en el mercado de abastos o en una pelea de gallos. Y en esos momentos pienso "Hale, ya están discutiendo por el mando otra vez" o "Seguro que ha llegado alguna multa a nombre de mi hermano y mi padre ha desenfundado el cuchillo jamonero" Entonces abro la puerta de mi cuarto despacito, para no hacer ruido y para que no me salpique la sangre, por si las moscas. Y resulta que esos gritos y ese vocerío no son más que mis padres comentando lo beneficioso que resulta el aceite de hígado de bacalao para la salud. O igual están viendo un documental en la 2 (porque realmente apenas ven otra cosa) y tan sólo están comentando lo graciosos que son los monos tití. Eso sí, a gritos. Parece mentira que con 25 tacos aún no me haya acostumbrado...

Pero eso de que en otros países de Europa no hacen tanto ruido habría que verlo. Mi casa está situada de plena ruta hooligan, es decir, que muchos de los ingleses de la zona que salen a pillarse el pedo de todas las noches en el pubs, pasan por aquí delante cuando vuelven a casa, cantando, berreando y armando un escándalo de su puta madre. Creo que si empiezo a ahorrar podré comprarme una escopeta de balines antes del verano. Luego me bastará con un soporte para ponerla en el balcón, unas cajitas de munición, una mirilla con infrarrojos y voilà, a cazar borrachos por la noche. Puede ser divertido...O también hay que fijarse en los guiris cuando se encuentran en el Mercadona, qué de gritos, qué de efusión, qué de ohhhhhs y ahhhhhhs y oh-my-gods. Seguro que luego cuando se separan se ponen a parir los unos a otros. Igualitico que en España, eso sí.

Y hace unas semanas, sin ir más lejos, estaba en el centro de salud echándome una siesta mientras esperaba a que me llamaran para la consulta, cuando llegaron un grupo de alemanes con tales berridos que me desperté sobresaltada creyendo que se acababa de declarar la 3ª Guerra Mundial (y nunca mejor dicho, dada la nacionalidad de los susodichos...)
Ni en la batalla de las Termópilas había tanto ruido. Seguro que a alguno de los soldados espartanos se le escapó un pedo en medio del fragor de la lucha y los demás soldados en varios metros a la redonda pudieron oírlo: "¡Joder tío, qué asco!, ¿no tienes educación o qué?" "¡Serás guarro, ten un respeto por estos muertos que tenemos aquí apilaos, coño!" Y en ese momento uno de los enemigos, que estaba moribundo, y al que tenía enganchado de la cabellera con la intención de decapitarlo, le suplica con ojos vidriosos y un débil hilillo de voz:  "Mátame ya, por favor, que me está empezando a llegar el olor..." Con razón Leónidas tenía esa cara de mala hostia perpetua. Esa cara de oler mierda continuamente...En todo caso, si fue así entonces los nazis les robaron a los espartanos la patente de las cámaras de gas.

Los chinos también son otros que entre ellos gritan como bestias pardas. Claro, desde pequeñitos les ponen a hacer kung-fu y movidas de esas, y se acostumbran... Luego está la gente que se cree que cualquier idioma, si  lo hablas gritando, se entiende mejor. Todavía me estoy recuperando del bochorno que pasé en una heladería romana, cuando entró un grupo de españoles, eran los típicos palurdos de esos que nunca han salido de su pueblo y que seguro que les tocó el viaje en el Marca: "¡QUIEROOO UN CUCURUCHOOO DE CHOCOLATEEE!" La pobre chica, que sabía hablar español, les respondía con un tono de voz normal, pero los otros seguían erre que erre, a lo Marianico el Corto:  "PONMEEE UNO PEQUEÑOOO. Y OTROOO DE FRESAAAA" Me dieron ganas de enterrar la cabeza en mi tarrina de cioccolato bianco y desaparecer...

Hablando de Roma, sé que aún no he publicado la 3ª entrega de las Crónicas Romanas. No me ha dado la gana, simple y llanamente. Ya la escribiré...algún día de estos, no prometo nada.

Ahí queda eso, hasta otra.

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Crónicas Romanas II

Posted by Eli (Beauty Blog) on 14.1.10 in ,
(Primera parte aquí)

Al día siguiente nos levantamos a las 7:30 de la mañana y subimos a desayunar para estar en la calle a más tardar a las 9 de la mañana. Lloviznaba un poco, pero no hacía frío ninguno, de hecho yo iba con un plumas y de camino al metro terminé acalorada. Nuestra primera parada era el Coliseo. Queríamos haber ido al Vaticano, pero al ser día de Reyes, las principales atracciones estarían cerradas, así que lo dejamos para el día siguiente.

Accedimos al metro con el Roma Pass que nos habíamos comprado el día anterior en el aeropuerto. Se trata de un pase que te incluye un abono de transportes para tres días, más entrada gratuita en los dos primeros museos o monumentos nacionales que visites y descuento en los demás, por un precio de 23 euros. Con ver el Coliseo y cualquier otra atracción ya la amortizas, así que vale totalmente la pena, además también te incluye una pequeña guía y un mapa que nos fue muy útil durante todo el viaje.


El Coliseo está justo enfrente de la parada de metro homónima, así que no tiene pérdida, es lo primero que ves al salir. Está lleno de turistas y de espontáneos que te marean todo el rato ofreciéndote tours guiados en inglés. Durante la gran mayoría de nuestra estancia hemos tenido que esquivar a este gente, especialmente en la entrada al Vaticano.
Gracias al Roma Pass pasamos al interior del Coliseo sin pagar y sin guardar cola (lo mejor de todo) y estuvimos viéndolo por dentro. En esos momento te imaginas las que armarían los romanos ahí dentro...impresiona. De ahí también vimos el Arco de Constantino (que está al lado) e intentamos acceder al Palatino que está enfrente, sólo que nos confundimos de acceso y subimos por una cuesta que mira al Coliseo y que no tiene salida, ya que desemboca en la puerta de una iglesia. Allí fue donde vimos a una mujer carabiniera despampanante con una melena de amazona. Llegó de paisano conduciendo el coche policial y cuando se bajó alucinamos con los taconazos que gastaba la tía. Poderío italiano al 100%.Y aún así le sobró brío para salir corriendo y perseguir a unos tipos que vendían ilustraciones en un puesto ilegal. Subió corriendo por la cuesta de la foto:


Hacía unos minutos que el tiempo había escampado y había comenzado a brillar el sol. Yo que iba con un jersey finito y el plumas comencé a agobiarme y me lo tuve que quitar y llevar colgado del brazo. Estimo que en ese momento habrían unos 15º, algunas personas iban incluso en manga corta (yo la habría llevado gustosamente en ese momento) Un clima delicioso para ser principios de Enero. Luego refrescó un poquito, pero en ningún momento hizo frío, una maravilla.
Para entrar al Palatino hay que caminar y coger el camino a la derecha todo recto hasta que das con la entrada. El acceso al Palatino y el Foro Romano viene incluido con el del Coliseo, así que hay que guardar la entrada en el caso de que la hayas sacado. Nosotras pasamos con nuestro Roma Pass. El sitio está muy bonito, situado sobre una de las colinas de Roma, hay mucha vegetación y ruinas con mucha historia.
Un poco más abajo está el foro romano, muy interesante también. Sin embargo cuando ya llevábamos un par de horas ahí dentro empecé a agobiarme y me quise ir, pero nos costó Dios y ayuda encontrar la bendita uscita (salida), comencé a emparanoiarme con la idea de perderme ahí dentro. Al final conseguimos salir por la via dei Fori Imperiali, y desde ahí dimos un pequeño paseo (unos cinco minutos) hasta la piazza Venezia, donde se encuentra el monumento a Vittorio Emanuele, o Vittoriano:

El sitio es muy bonito y la entrada es libre. Eso sí, no te puedes sentar en ninguno de los escalones, o vendrán los carabinieri a echarte.Subiendo a la parte superior hay muy buenas vistas de Roma, del Coliseo, por ejemplo.
 

También hay una cafetería y en la parte de atrás hay un ascensor panorámico que te lleva a la parte más alta del edificio y desde el cual se supone que se pueden disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad. Nosotras decidimos pasar de largo por dos razones: una, subir costaba 7 euros, y dos, teníamos pensado ir al Vaticano al día siguiente, desde donde también podríamos disfrutar de buenas vistas. Aunque no fuera exageradamente caro, nos pareció una tontería pagar ese dinero por subir en un ascensor.

Salimos del Vittoriano por un lateral y nos encontramos con esta sorpresa:
La loba capitolina, mucho más chiquitilla de lo que nos imaginábamos:

En ese momento no  lo sabíamos, pero esa era una réplica de la auténtica, que se conserva en los museos Capitolinos, justo al lado:

Estábamos en la plaza del Campidoglio. Lo fuerte fue que bajando las escaleras desde el Vittoriano, una mujer con aspecto de alemana o de algún país eslavo, nos preguntó en inglés si sabíamos dónde estaban los Museos Capitolinos y nosotras, que estábamos más perdidas que un pulpo en un garaje, le dijimos que no teníamos ni idea. ¡Y los teníamos delante de las narices!!!!! No sé quién tuvo más delito ahí, si nosotras o la señora, que venía de ahí mismo. Si incluso hay un enorme cartel granate donde pone Musei Capitolini...

No entramos, ya que por un lado, visitar museos no era una prioridad para nosotras, y por el otro, el viaje era muy breve y había que aprovechar el tiempo al máximo. No teníamos ganas de perder un tiempo valioso encerradas en un museo cuando ahí afuera había tantas cosas por descubrir.


Bajamos los escalones del Campidoglio y tiramos a la izquierda, bajando por la vía del Teatro di Marcello hasta llegar a las orillas del Tíber. Queríamos conocer la famosa Isola Tiberina. Fue un chasco, aparte de un hospital no vimos ahí nada de especial, exceptuando un perrito muy mono que dormía la siesta encima de un saco de dormir. Era una cosita súper adorable. Ahí me di cuenta de que se me había agotado la batería de la cámara y me di a todos los demonios. Un consejo: apagad la cámara cuando no la uséis en vez de dejarla en modo "Ahorro de energía". Porque no ahorra una mierda. Tuve que empezar a usar el móvil como cámara, afortundamente la calidad de las fotos es bastante aceptable.

Atravesamos el río y nos fuimos al Trastevere, un barrio del que habíamos oído hablar mucho, pero del que no sabíamos qué esperarnos. Nos gustó mucho, tiene ese aire decadente de ciudad vieja, con sus callejuelas estrechas y empedradas, sus restaurantes y sus tiendecitas con encanto...Me recordó al Quartier Latin de París. Ahí nos sentamos un ratito en una plazuela a comernos un bocata, mientras veíamos el trasiego de gente y el tranvía subir y bajar cada minuto. Ahí observamos una cosa muy curiosa: a nuestro lado había una parada de taxis con una especie de cabina cuyo teléfono sonaba cada dos por tres. Si en ese momento había algún taxista esperando, se bajaba del taxi, atendía el teléfono y se iba a buscar al cliente. Era algo así como una centralita en plena calle; no sé si en España también existirá eso, pero nunca antes lo había visto.

Nos comimos un gelato delicioso por una tercera parte de lo que nos hubiera costado en España (el mío era mitad vainilla, mitad yogurt, riquísimo, no sé ni cómo me lo pude terminar de lo grande que era) Mi amiga R despreció el helado y prefirió un crêpe con Nutella, para matarla, jajaja. La chica nos atendió super bien, fue muy simpática e intentó traducirnos los sabores por si no entendíamos, no sé cómo se llama la gelateria pero sólo puedo decir que está enfrente de las vías del tranvía, en la plaza Giuseppe Gioacchino Belli. En la puerta sólo pone "Gelateria", y en el local de al lado hay colgada una bandera de orgullo gay. Es un sitio pequeñito y modesto, pero me dejó muy buena impresión, así que lo recomiendo.

Después de aquello dimos una vuelta por el barrio, donde vimos muchos restaurantes y sobre todo tiendas de souvenirs, bastante más baratas que las del centro (aunque la diferencia no era tanta) Nos compramos unas camisetas de "I love Roma" en el puesto de unos indopakistaníes (o sabe Dios lo que eran) a la entrada del barrio, las tienen más baratas que en las tiendecitas y la calidad es la misma. Ahí fue cuando empezamos a alucinar con la cantidad de indios o pakistaníes que hay en Roma, ¡están por todas partes!!! Fue en uno de esos puestos donde el indio intentó hacerle probar a R una camiseta que llevaba una garrapata enganchada, jajajajaja, tendríais que haber visto el salto que pegó ella mentras decía, en español con un amago de acento italiano "¡Esa no, esa bicho!!!" Terminé doblada de la risa.

Cuando se hizo de noche (muy pronto, sobre las 5 y pico) decidimos subir a la Fontana de Trevi para verla iluminada. El problema era que en todo el Trastevere no hay ni una sola parada de metro. Las más cercanas eran las del Circo Máximo o la del Coliseo, y con lo cansadas que estábamos, no nos apetecía nada la idea de volvernos hasta ahí andando. El tranvía no nos llevaba a ningún sitio que conciéramos, así que decidimos ir a la parada del autobús y coger alguno que nos dejara en Termini o en algún otro sitio donde hubiera metro, para así ubicarnos. Al final cogimos un bus al tuntún, no sabíamos ni a dónde nos llevaba. En un momento del trayecto,a mi amiga R se le apareció la virgen y dijo que por qué no nos bajábamos en tal parada. Le hice caso y resultó que estábamos súper cerca de la Fontana, así que nos acercamos andando.

 


La fuente muy bella y espectacular, la única pega: la exagerada cantidad de turistas que había ahí apiñados tratando de hacerse la foto y lanzar las monedas, era agobiante. Hicimos alguna foto y tiramos la moneda de espaldas a la fuente, para volver a Roma alguna otra vez.

Después dimos una vuelta por la zona, vimos tiendas con piezas de cristal de Murano muy bonitas pero muy caras y souvenirs varios. Sobre las seis y pico ya no podíamos más, ¿a dónde podíamos ir? Era ya de noche, muchos monumentos estaban cerrados y estábamos agotadas. Era aún temprano pero llevábamos desde las nueve de la mañana pateando la ciudad sin parar, no podíamos más. Con todo el dolor de nuestro corazón y nuestros pies nos fuimos al hotel, muertas de cansancio, cenamos, nos duchamos, y luego a la cama temprano para recargar pilas, que al día siguiente tocaba subirnos a la cúpula del Vaticano...

Continuará...

PD: Desde aquí mando un cariñoso saludo a mis colegas que entran al blog a través de Facebook y no dejan ni un comentario, ¡ratas! Os tengo vigilados, sé cuándo, cómo y de dónde entráis >:-D


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Crónicas Romanas I

Posted by Eli (Beauty Blog) on 11.1.10 in ,
Como algunos de mis coleguillas sabréis, acabo de venir de una escapadita en Roma con una amiga. La estancia ha estado genial, siempre es agradable cambiar de aires y conocer otros mundos. Encima cuando hemos llegado a España hacía un frío de la hostia, de buena gana me habría vuelto a Roma de no ser porque el último vuelo me dejó con los cojoncillos en la glotis. Aquello parecía el pulpo de la feria...Pero de eso ya hablaré más tarde.

El día D nos levantamos tempranito, los nervios no nos dejaron pegar ojo en toda la noche. De camino al aeropuerto había una niebla del copón y temí que fuéramos a llegar tarde y perder el vuelo a Madrid, pero afortunadamente llegamos con tiempo de sobra. Hasta nos permitimos el lujo de volver a facturación porque la mujer que nos facturó nos había puesto en asientos separados en el trayecto Madrid-Roma, que ya hay que ser melón...Menos mal que el chico que nos atendió nos lo cambió al instante.

Así, sobre las once de la mañana aterrizábamos en Madrid Barajas, con el tiempo justo para hacer un pis y buscar nuestra puerta de embarque (que anda que no es larga la dichosa terminal 4, aquello parece la historia interminable...) Volvimos a despegar rumbo a Roma y por el camino nos topamos con esta especie de cumulonimbos (o lo que demonios sean) tan graciosos. Los vuelos fueron con Iberia, mis expectativas con esta compañía no eran demasiado altas y así lo confirmé al montar en el avión. TCP's (azafatos, en lengua romance) viejunos y un poco rancios, probablemente de la época pre-privatización, cero entretenimiento a bordo (aunque te reparten el periódico gratis) y no te sirven ni un puto vaso de agua durante todo el viaje, lo cual me parece comprensible en una aerolínea secundaria o de bajo coste, pero vergonzoso en una nacional. Deberían aprender de Air Berlin o la Swiss, que te dan genial de comer (en especial esta última) y siempre sirven un piscolabis aunque el vuelo dure una hora. Eché un vistazo a los precios por curiosear y un bocata minúsculo con bebida te salía a 8 euros, vamos, ni que hubieran amasado el pan ellos mismos... Anda que si esa es la imagen que queremos dar de España en el extranjero...

Cuando aterrizamos en el aeropuerto Fiumicino sobre las 2 y pico estaba lloviendo y casi nos cagamos en todo. Estuvimos casi una hora esperando a que salieran nuestras maletas de la cinta, mientras una maleducada a nuestro lado iba cogiendo cada maleta negra que veía aparecer casi tirándonos al suelo, la revisaba por si era suya y luego la volvía a poner en la cinta.

Cuando ya tuvimos las maletas seguimos las indicaciones para el treno y cogimos un tren de cercanías que en unos 45 minutos nos llevó a la estación de Roma Tiburtina. También había la opción de coger el tren Leonardo Express que te lleva a la estación Termini, con la diferencia de que costaba tres veces más y el cambio de transporte iba a ser más lioso así que tomamos la decisión más sabia (el tren salió por cosa de unos 5€, frente a los 15€ del Leonardo Express). Luego en la estación cogimos otro bus que en menos de cinco minutos nos dejó en una parada a unos 100 metros del hotel. Desde aquí doy las gracias y mando un cariñoso saludo al inventor de Google Street View, gracias al cual pude ver desde mi casa como era el barrio donde estaba situado nuestro hotel y moverme por ahí como si ya hubiera estado antes.
Hicimos el check-in, todo genial, el personal muy amable, e incluso un botones nos subió las maletas, la primera vez en mi vida que me las suben, así que le dimos al chico un oiro de propinilla, que semos probes pero no miserables. La habitación estaba genial. Tampoco tenía unas expectativas demasiada altas, ya que saliendo de España, la calidad de los hoteles suele bajar considerablemente independientemente del número de estrellas, pero este hotel hacía honor a las 4 que ostenta:




Hasta nos dejaron dos trocitos de torrone,que es como el turrón español pero con avellanas en vez de almendras (por cierto, al final terminé confirmando el amor de los italianos por las avellanas, las incluyen en multitud de dulces y preparaciones)


También nos sorprendió que los precios del minibar fueran tan razonables (nos habían dicho que Roma era una ciudad cara, pero ahora que ya he estado no estoy nada de acuerdo):



Estábamos reventadas, además a las cinco y media ya era completamente de noche y no habría mucho que ver a esas horas, así que descansamos un poco y luego salimos por el barrio a buscar algo de comer. Dimos con un sitio de pizza a taglio a pocos metros, donde un chico simpatiquísimo nos atendió. Un buen trozo de pizza (el precio va al peso) más la bebida nos salió a cada una por escasos cuatro euros. Estaba muy buena, lo malo es que la calentaron poco y cuando llegamos al hotel ya estaba casi fría. Pero con el hambre que teníamos nos sentamos a devorar mientras veíamos a los concursantes españoles en el Grande Fratello italiano.

Después nos dimos una buena ducha para relajar los músculos y a la diez y cuarto ya estábamos en la cama, de lo agotadas que estábamos. Además al día siguiente nos tocaba madrugar para aprovechar nuestra visita al máximo, así que había que recargar las pilas lo mejor posible.


Continua aquí


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Primer post del 2010

Posted by Eli (Beauty Blog) on 1.1.10 in ,
Con la tontería, como quien no quiere la cosa, nos hemos echado otra década a las espaldas, válgame Dior...

Hoy me he levantado a las 5 de la tarde después de haber llegado a casa a las 6:30 de la mañana. Bajé a la cocina, me serví una carretilla bandejita de langostinos con mayonesa y me dispuse a comer mientras mis viejos veían un documental en la 2 sobre el planeta Tierra.

Para ser un documental de la 2, el programa estaba interesante de narices, lo reconozco, pero imaginaos cómo debe de ser, levantarte medio resacosa, en estado semi-zombie, con el chunda-chunda de la noche anterior aún retumbándote en los oídos, y teniendo que enfrentarte a toda esa cantidad de imágenes y de información sobre el Big Bang, la tectónica de placas, los volcanes, Pangea, Gondwana, los terremotos, la falla de San Andrés, los fósiles marinos que se encuentran en la cima del Everest...

Como para no fliparlo en colores ahí mismo, empecé a emparanoiarme con la idea de la tierra flotando sobre una capa de magma, exponiéndonos a terremotos, erupciones volcánicas y catástrofes diversas, pero cuando les dio por hablar del origen del mundo y explicaron la teoría de los asteroides que chocaron los unos contra los otros y que terminaron fusionándose dando lugar a la Tierra (que yo me pregunto cómo coño sabrán eso los científicos si ninguno de ellos estuvo ahí para verlo) ahí ya sí que me dije que era too much y cambié de canal. Me puse a ver Gran Hermano y mi cerebro entró automáticamente en stand by. Me apunto el documental para verlo otro día en el ordenador.

Tendría que estar prohibido hacer pensar a la gente los días de fiesta, que nuestro cerebro no está para farolillos y luego nos sale humo por las orejas.

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